Etapa 4: Martinique, St. Lucia, St. Vincent & Grenadines y Grenada.

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Todo estaba listo. Habíamos estado tres meses y medio en Martinique y nos habíamos sentido como en casa, pero ahora teníamos ganas de navegar de nuevo, esta vez con el Cythere. Habíamos deliberado mucho sobre qué hacer ahora con respecto al embarazo y habíamos decidido por precaución y también por las ganas de compartirlo con la familia, volver a Barcelona para tener a Mia. Estuvimos contemplando todas las posibilidades: dejar el barco en Grenada, en Trinidad y Tobago o en las islas ABC. Aunque que Grenada y Trinidad están fuera de la zona de huracanes, suelen pasar al menos un par de tormentas tropicales cada temporada y puesto que de todas formas queríamos avanzar hacia el W, Curaçao nos pareció una mejor opción ya que las posibilidades de que pasara un huracán eran 20 veces inferiores a que pasara por Grenada o Trinidad, además tenemos amigos en la isla, así que todo parecía apuntar que nuestro siguiente destino era Curaçao. Y menos mal, porque la tormenta tropical Bret hizo muchos estragos en Trinidad y Grenada pocas semanas después.

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Previsión de la TT Bret

Además, teníamos que tener en cuenta que Eugenia solo podría volar de vuelta a Barcelona antes de los siete meses y medio de embarazo, así que no teníamos un tiempo infinito para dar vueltas por el Caribe. Nuestro plan era bajar un poco hasta Tobago Cays (St. Vincent & Grenadines) , ya que al parecer era uno de los sitios más espectaculares que podríamos contemplar en las Antillas menores. Luego arrumbar al W hacia Bonaire, paraíso natural que no hay que perderse, sobretodo para los amantes del buceo.

Estuvimos en Martinique varios días preparando el zarpe, teníamos que despedirnos de todo el mundo, que sin duda alguna, fue lo más difícil. En segundo lugar acabar de ajustar cuatro cosas del barco, pertrecharnos de comida y agua y finalmente levar ancla y zarpar. Martinique, así como todas las demás islas francesas goza de tener supermercados muy bien provistos, en los que se puede comprar casi los mismos productos que se podrían comprar en la Metropol (Francia), así que habría que aprovechar para cargar el barco al máximo para los siguientes 40 días aproximadamente.

St. Lucia

Finalmente, después de un ajetreado día, zarpamos de Le Marin sobre las 1500, arrumbando a St. Lucia. El viento era agradable y el Atlántico estaba relativamente piadoso, era nuestra primera navegación “entre islas” con el Cythere, y la verdad es que fue alucinante notar el cambio respecto al Infinito, pues en esas condiciones, aunque no eran malas, hubiéramos llegado a St. Lucia totalmente empapados y con el Cythere en cambio fue una agradable y tranquila navegación.

Al arribar a St. Lucia ya se había hecho de noche, así que decidimos fondear en el primer fondeo que íbamos a encontrar: Rodney Bay. El viento había arreciado y no había muchos barcos en el fondeo, así que no quería estar dando muchas vueltas. En la parte N de la bahía había una docena de veleros fondeados y también nos pareció buen lugar. Había una fiesta bastante interesante en la playa, pero estábamos agotados y además estábamos contemplando algo extrañísimo que nunca antes había vivido durante un fondeo. A pesar de que el viento soplaba con ganas del ENE, con una intensidad de 20 a 25 nudos, el barco daba guiñadas a su antojo, sin respetar lo más mínimo la dirección del viento. Luego vi que los otros barcos también sufrían este extraño fenómeno, que con toda probabilidad, tenía que ver con las fuertes corrientes que se formaban en esa parte de la bahía. Incluso un mega-velero de unos 60m. de eslora, fondeado a nuestro estribor se comportaba de manera extraña. Era tan extraño el movimiento, que en algunas ocasiones nos quedábamos todos los barcos dando la popa al viento, durante quince o veinte minutos, o ¡incluso de través! Cansado de que el Cythere me tomara el pelo y sin poder dormir pensando en el extraño fenómeno, icé la vela de mesana (con dificultad puesto que estábamos recibiendo el viento por el través de estribor). Fue definitivamente la solución y redujo mucho el efecto de esa extraña corriente. No obstante, el Cythere siguió insistiendo durante horas, aunque ya sin tanta libertad de movimiento.

Al despertar todo se había calmado, había sido como una ilusión; como si los barcos del fondeo se hubieran puesto de acuerdo para montar una especie de baile entre ellos, una pequeña fiesta de bienvenida para el Cythere quizá… Al día siguiente todos se miraban con cara de resaca, pero sin decir palabra. Abandonamos el fondeo a primera hora, después de un buen desayuno, para arrumbar hacia el fondeo de Les Pitons, al SW de la isla, al parecer el lugar más espectacular de la isla para fondear.

La navegación fue totalmente tranquila. Incluso tuvimos que ayudarnos del motor durante un rato porque cayó completamente el viento puesto que es una isla muy montañosa y su sotavento es sinónimo de calmas.

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Les Pitons crecían según nos acercábamos y debíamos encontrar a los Rangers para que nos asignaran una boya, ya que el fondeo está prohibido en la zona, pero no aparecieron. En su lugar, nos vinieron a saludar unos simpáticos chicos con un enorme cayuco, que precisamente nos ofrecían una boya privada en un sitio muy privilegiado, pero era tan privilegiado que casi ni se veían Les Pitons así que en su lugar amarramos en una boya justo debajo de Le Petit Pitón, que al parecer es el fondeo más tranquilo.

Les Pitons son dos formaciones montañosas casi gemelas, enormes, cuyas vertientes de sotavento caen directamente al mar. Están completamente pobladas de una espesa vegetación y da la sensación de que son dos pechos gigantes. En sus bases se asientan algunos grupos de chabolas hechas también con material reciclado como palets y trozos de uralita, donde habitan simpáticos pescadores y boat boys que se dedican básicamente a los cruceristas; a venderles fruta, souvenirs, pescado fresco o cualquier cosa que puedan necesitar. Es curioso ver como te ofrecen el pescado que ni si quiera han sacado aún del agua. Pululan cerca del barco y de golpe se acercan y mientas halan del hilo te gritan: -Fish! Fish my friend! Twenty ECs!- Pero con Eugenia embarazada no queríamos exponernos a un posible riesgo de ciguatera, aunque más al sur de Martinique no debería haber demasiada, así que por el momento nos absteníamos de comer pescado.

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En ese momento aún no teníamos ni uno solo de los famosos ECs que todo el mundo nos pedían, se trataba de los East Caribbean Dollars, en curso legal en seis países del Caribe, principalmente los países independientes que fueron colonias inglesas en el pasado.  En realidad 1EC$ equivale a unos 0,30€ aunque, ni decir tiene, que no es el precio por el que los venden ya que el cambio de euros a EC$ lo hacen de cabeza, en dos mili-segundos y no precisamente teniendo en cuenta el valor de la divisa en el mercado de valores… En resumen, 50EC$=20E=20$, así que por el cambio se llevan sus 5 eurillos de comisión.

Amarrados ya debajo de Le Petit Piton, el más pequeño de los dos pero sin duda el más agreste y espectacular, colgamos nuestra hamaca por primera vez desde que la compramos para el Infinito en Barcelona y volvimos a darnos cuenta del gran cambio que suponía el Cythere. En el Infinito esa hamaca representaba más de un tercio de la eslora y al subirnos a ella el barco escoraba y se balanceaba ligeramente. En el Cythere en cambio, podíamos haber aparejado tres o cuatro más de ellas sin notar el más mínimo movimiento.

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Le petit Piton

aleix_hamaca_piton_stluciaeugenia_hamaca_saint_luciaaleix_hamaca_pitonCayó la noche y el barco estaba amarrado muy cerca de la orilla, tan cerca que Tritón no dejaba de tirarse al agua para llegar a tierra, pero resulta que St. Lucia, al igual que St. Vincent, tiene una extraña y arcaica política respecto los animales domésticos que se “importan” a la isla. Así que Tritón no podía pisar la isla si no queríamos tener problemas con los locales y los Rangers, así que detrás de Tritón me tiraba yo para empezar una lucha en el agua para evitar que siguiera nadando hacia tierra y regresara a bordo. En una de esas, Eugenia se cansó de tanto follón y alboroto y nos mandó a los dos al dinghy para solucionar ese tema y puesto que había caído ya la noche, nadie notaría la presencia de un perro negro en una noche oscura en una playa desierta, así que hicimos un divertido viajecito hasta la playa rocosa, incluyendo un aparatoso vuelco de despedida antes de regresar al barco a causa de la rompiente y las enormes piedras resbaladizas. Esos veinte minutos fueron para Tritón un gran descanso ya que llevaba desde Martinique sin pisar tierra y le esperaban aún varios días de reclusión a bordo hasta llegar a algún país más permisivo.

El día siguiente, después también de un buen desayuno, dejamos la boya y zarpamos de nuevo rumbo SSW, hacia la isla de St. Vincent.

St. Vincent & Grenadines

Wallilabou, St. Vincent.

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Navegando a motor en demanda de Wallilabou

Nos habían avisado de que el pasaje entre estas dos islas podía ser bastante agitado, sin embarco, para nosotros fue el pasaje más tranquilo de todo el caribe, por un momento pareció que estábamos dando una vuelta por el mediterráneo un día tranquilo de verano. Al llegar al sotavento de St. Vincent, la isla principal y capital del archipiélago,  nos íbamos acercando a los fondeaderos que indicaba el derrotero, pero los íbamos descartando por parecer de todo menos fondeos resguardados. No fue hasta la bahía de Wallilabou que sentimos que podíamos resguardarnos de manera segura de la resaca y la corriente. Wallilabou es una bahía muy famosa por haber sido uno de los sets de la primera película de la saga “Piratas del Caribe”.

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El Cythere en el fondeo de Wallilabou. Con un cabo a tierra

Tanto es así, que el pueblo que hay al fondo de la bahía es, literalmente, el decorado de la película que han mantenido los locales para usarlo como atracción turística. En el único restaurante que hay puedes probarte vestuario de la película, almacenado y polvoriento en un gran cofre también de cartón-piedra. En esta bahía también estaban los famosos boat boys, principalmente pescadores que se turnaban con sus botes a remo multicolor para recibir a los cruceristas y ofrecerles una boya segura donde atracar.

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Decorado y atrezzo de Piratas del Caribe
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Eugenia en Wallilabou

Como la bahía tiene tanta profundidad, solo se puede fondear a escasos metros de la orilla, por lo que es necesario amarrar también la popa del barco a alguna palmera o estructura de tierra. El negocio está montado de tal manera, que de no querer utilizar una de las boyas y optar por el fondeo, te piden igualmente un pago por el uso de la palmera, ya que allí “todo es de alguien”. Después de tantear la zona, vimos que la forma más segura de pasar allí la noche, era contratar una de esas boyas por 50EC$, así que tomamos la boya de la mano de un amable pescador que nos ayudó también a tomar amarre a una pilona de cemento que sujetaba un pequeño muelle semi-destruido. Gracias también a este cabo podríamos bajar a tierra sin necesidad de montar el motor en el dinghy, pues íbamos y veníamos tirando del cabo.

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Eugenia con el atrezzo de Piratas del Caribe

Una vez amarrados el chico nos preguntó si queríamos algo de pescado, fruta, weed… También nos preguntó si necesitábamos hacer la entrada al país, a lo que respondimos erróneamente que sí. Al cabo de un rato, apareció de nuevo el hombre, remando pesadamente, para decirnos que había llamado a la agente de customs (aduanas) y que nos estaba esperando en el muelle. Como ya me había avisado que en estos países se toman muy en serio las formas en las que te presentas delante de este tipo de autoridades, cambié mis atuendos de caribe style y me puse mis mejores galas, que consistía básicamente en el uniforme corto de verano de la mercante, que llevaba a bordo para estas ocasiones; aunque prescindí de ornamentos, galones y demás parafernalia. Bajo mi brazo la carpeta con todas las documentaciones debidamente ordenadas. Embarqué en el dinghy y me deslicé por el cabo hasta el famoso muelle. Al llegar vi varias personas esperándome, entre ellas a nuestro amigo el barquero, junto con una mujer enorme que no disimulaba en absoluto una burlesca sonrisa, imagino que provocada por el hecho que me hubiera cambiado de ropa para desembarcar. Me acompañó hasta una puerta que había en uno de los edificios del famoso decorado de Disney y me hizo entrar en una sala completamente vacía donde solo había una mesa, dos sillas y un bolígrafo. En las paredes colgaban ciertos ornamentos que debían llevar allí al menos veinte años, entre ellos un calendario descolorido de diciembre de 1997, una foto de un señor muy bien vestido y algunos pósters azulados que imagino serían fotos de la isla.

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La señora, en un inglés criollo más que cerrado me señala la silla e imagino que me hace sentar: me siento. Me pide todos los papeles del barco, nuestros pasaportes, seguro, el clearance del último país… Todo en orden, dice. Seguidamente me informa del importe que debíamos pagar por el permiso de tres meses, astronómico ya que según ella se nos tenía que aplicar una tasa adicional por ser barco de charter ya que por mucho que lo intenté no logró entender que no se trataba de un barco de alquiler. Saqué algunos billetes de euro, ya que como era la primera vez que pisábamos tierra en un lugar más o menos poblado, no habíamos podido cambiar. Me miró riendo y dijo que no podía aceptarlos, que solo podía aceptar ECs pero que en el restaurante me podrían dar cambio.

Cuando volví pagué la suma que me pedía sin rechistar de nuevo y procedí a hacer los trámites para que Tritón pudiera bajar a tierra en una isla tan problemática con los animales domésticos. Algunos meses atrás, en Martinica, habíamos contactado con la secretaria del ministerio de salud e importación de animales domésticos del país, que nos dió una lista enorme de documentación que debíamos presentar a la entrada al país. ¡Nos costó un mes conseguir toda esa documentación! Uno de los documentos que pedían era una prueba de sangre donde se reflejara el nivel de anticuerpos de la rabia, que debían ser superiores a una cifra. La veterinaria de Martinica nos dijo que como hacía casi un año de su vacuna, era probable que no saliese bien la prueba así que le volvimos a vacunar, teniendo que esperar dos semanas para la extracción para que la vacuna hubiese hecho efecto. Una vez hecha la extracción, esta debería mandarse a Francia para su análisis y los resultados tardarían entre un mes y un mes y medio. Por suerte fueron solo quince días y salieron resultados perfectos. Además, en la clínica de Barcelona a la que fuimos antes de zarpar para que nos hicieran todos los documentos pertinentes, parece que no acababan de tener claro la normativa internacional de pasaportes, vacunaciones y demás papeleo, así que básicamente lo teníamos todo al revés.

Le dije a la enorme señora que teníamos toda la documentación que nos habían pedido y que me hiciese por favor el permiso para que Tritón pudiese bajar a tierra. Ella respondió con una cara de enorme pereza y me dijo que esos documentos no valían ya que necesitaba una dirección postal de la isla donde íbamos a residir. Evidentemente no teníamos ninguna dirección en la isla por lo que propuse que pusiera el nombre del barco, pero parece que no era como ella quería que funcionase la cosa.

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Hotel Restaurante y museo de Wallilabou

Estuvimos discutiendo casi una hora al respecto; le enseñé el email de la secretaria del estado numerando todos los documentos y le enseñé que los teníamos todos, etc. Al final se cansó de mi y cogió el teléfono, al parecer estaba llamando a la secretaria en cuestión. Al cabo de un rato de hablar en criollo, me pasó el teléfono. Según la secretaria, a estos documentos les tenía que seguir una inspección veterniaria que solo podía hacerse en la capital hasta el cabo de tres o cuatro días, pero que podíamos obviarlas si todos los documentos estaban bien, así que se los mandé de nuevo por email. Cuando colgué, mi interlocutora me vino a decir algo así como: -Me da igual lo que te haya dicho, yo te digo que no. Y que no se te ocurra bajar el perro a tierra porque si lo veo le voy a pegar un tiro- (esto lo entendí a medias, pero su mano dando golpecitos en el revólver lo dejó bastante claro). Luego añadió algo interesante: -… y si yo no estoy presente le disparará cualquiera que lo vea por la calle ya que aquí todos tienen una de estas y voy a dar órdenes al respecto-. Le dije que estaba completamente convencido de que bajar el perro a tierra era una malísima idea y que para nada del mundo se me ocurriría. Salí de Customs con un cabreo importante…

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La mañana siguiente nos despertó un golpecito en la popa, salí del barco y vi a un chico remando en nuestra popa, era el mismo bote de nuestro amigo, pero él no se parecía en nada. Me dijo que había estado durante horas esperando a que me despertara (eran las 0800) ya que nuestro dinghy se había soltado en medio de la noche y él había tenido que ir remando mar adentro para que no se perdiera. Al parecer estaba muy cansado de haber llevado a remolque nuestro dinghy hasta la playa y pedía dinero para traérnoslo de vuelta. Le dije que no hacía falta, que ya iría yo nadando a la playa ya que no me creía que en medio de la noche, nuestro dinghy se hubiera desamarrado para salir a dar un paseo, y menos contra el viento… Él insistió y no quise discutir más después de ver que varios pescadores se estaban acercando al pequeño muelle, así que le dije que muchas gracias y que le pagaría cuando tuviera el dinghy de nuevo en la popa. Cuando llegó le di algunos ECs, evidentemente no lo que él había pedido, le di algo así como dos euros, a lo que se indignó repitiendo que ese no había sido el trato y que quería más dinero, pero como yo ya tenía el bote firme le dije que en Europa también habían piratas, a lo que desamarramos y nos fuimos por fin de Wallilabou.

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Port Elisabeth, Bequia (SVG, Grenadines)

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Navegando a 7,5 nudos, en demanda de Admiralty Bay. Un fotógrafo muy simpático nos siguió durante varias millas con su zódiac y su cámara. Pese a que nos gustaron casi todas las fotos que nos hizo, su precio no invitaba a comprar el pack entero.
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Tritón haciendo guardia en el castillo de proa, el capitán en la toldilla y Eugenia tomándose un descanso en el alcázar.

Bequia sería nuestra primera isla de las Grenadines, donde nos habían aconsejado que acabáramos de hacer los trámites de entrada, ya que en la ruinosa “oficina” improvisada de aduanas en Wallilabou, solo habíamos podido declarar el barco, pero aún nos faltaba inmigración. El principal fondeo de Bequia es Admiralty Bay, donde se encuentra la localidad de Porth Elizabeth.

eugenia_bequia_muelleEs una bahía muy buen resguardada, con un fondo fantástico donde no hay que sufrir por un buen agarre. Bequia, tal y como comprobamos, es una isla tranquila con gente amable y hospitalaria. De todas las islas de las Grenadinas, fue en la que nos sentimos mejor recibidos y donde reinaba un ambiente más distendidamente caribeño. Al pisar tierra hicimos un: -“¡Éste es el caribe que imaginábamos!“.

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Dinghy dock de Bequia

Cuál fue nuestra sorpresa después de que el hierro hiciese fondo, cuando vimos a pocos metros a nuestro estribor el barco de nuestro amigo Alfred, con el que habíamos coincidido en Martinica. Nos saludaba desde su cubierta con los brazos extendidos gritando para que lo viéramos. No tardó en saltar a su dinghy y plantarse a nuestra popa a los pocos segundos. Parece que llevaba en la isla un mes entero plácidamente asentado en un fondeo que le resultaba cómodo y un pueblo en el que tenía todo lo que necesitaba, gente amable, ritmo caribeño, tortugas, peces de colores y aguas turquesas. Él nos enseñó lo que había conocido del pueblo durante ese tiempo y parecía que los locales le conocían bien.

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Realmente nos sentimos muy bien en la isla, y de haber tenido que estar un tiempo en las Grenadines, con toda seguridad hubiéramos escogido este fondeo.

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Bequia
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Bequia
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Eugenia & Mia

Canouan (SVG, Grenadines)

Dejando Admiralty Bay, pusimos rumbo a la isla de Canouan. Al llegar, a última hora de la tarde, vimos con sorpresa que en la enorme bahía no había ni un solo barco fondeado. Solamente un pesquero enorme semi abandonado que se agarraba al fondo con numerosas y gruesas cadenas oxidadas. Aunque era ya temporada baja y el número de cruceristas había caído en picado, era extraño que en un fondeo como Canouan no hubiesen más barcos.

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Fondeamos en medio de la bahía, lejos de tierra pues no teníamos intención de desembarcar sino solamente pasar la noche para poder zarpar de nuevo el día siguiente en demanda de Mayreau. Al no ver barcos, y después de escuchar historias y experiencias horribles en Canouan donde varios barcos habían sido asaltados la última semana, decidimos quedarnos a una distancia prudencial y con la alarma del radar activada. Es una práctica a la que nos hemos acostumbrado durante los fondeos. Si ponemos la alarma del radar para que nos avise si algún objeto entra en el perímetro establecido dormimos más tranquilos. Por un lado, en caso de garrear y acercarte a otros barcos o rocas, el radar avisa. Por el otro, si algún bote, lancha o zodiac se acerca, también avisa con insistencia. Dado que la nueva generación de radares (4G) tienen m precisión tanto en demora como en distancia, es fácil que detecte objetos pequeños y que no necesariamente sean metálicos, como pasa con los radares de impulsos. Así que habiendo probado ya su eficacia en anteriores situaciones, quedamos tranquilos.

cythere_halfhalf_anchorageA primera hora un chapuzón matutino después del desayuno y a navegar, rumbo Mayreau.

Mayreau (SVG, Grenadines)

Zarpando de Canouan, enmendamos rumbo SSW hacia la isla de Mayreau como última escala antes de los ansiados Tobago Cays. Mayreau es una isla pequeña, poco habitada, donde hay poco más que algunos restaurantes de langosta en la playa. Hay dos fondeos en la isla, uno en su extremo N (Salt Whistle Bay). El segundo fondeo está al SW de la isla. Normalmente, en temporada alta, hay que fondear en Saline Bay (SW) porque el primer fondeo, considerado el más bonito y típico de la isla, está totalmente ocupado por los catamaranes de alquiler. Este pequeño fondeo tiene espacio para menos de una veintena de barcos y en temporada alta parece ser casi imposible encontrar una boya libre. De querer fondear con el hierro en Salt Whistle Bay, deberemos hacerlo a sotavento de las boyas, por lo que será un fondeo incómodo y poco protegido de la corriente.

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Aleix_MayreauNosotros llegamos a primera hora de la mañana, coincidiendo que algunos catamaranes habían zarpado liberando las boyas, así que pudimos disponer de una. Como Mayreau la consideran casi como si fuera Tobago Cays, que es un espacio totalmente protegido, a parte del precio de la boya tienes que abonar una “tasa” de lujo, que ellos atribuyen a una contribución para mantener el medio. Las aguas turquesas en Mayreau son impresionantes. A barlovento solo una pequeña barrera de coral y una estrecha lengua de arena blanca con palmeras nos separaba del basto Atlántico, así que los Alisios (no encontrando ningún obstáculo) soplaban con mucha intensidad.

Mayreau fondeo

La pequeña bahía está rodeada de palmeras, de tenderetes de pañuelos de colores, pareos y toallas y de pequeños restaurantes coloridos auto-construidos dedicados al negocio de la langosta y el caracol gigante, que parece ser que se encuentra con facilidad en la zona. Cada uno de los restaurantes tiene una parte de la playa cercada con piedras, utilizándola como pecera gigante donde dejar las langostas y caracoles vivos después de su captura.

Al caer la noche el fondeo se convierte en zona de ocio por excelencia. Los catamaranes están llenos de turistas ansiosos de fulminarse (por todo lo alto) las últimas noches en el caribe. Por ello, encienden todas las luces de colores que pueden y ponen la música a todo volumen con los éxitos del “verano”.

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En medio de todo este jaleo, pensamos que no estaría mal aprovechar la ebriedad general, la oscuridad y la nocturnidad para bajar a tierra a nuestro querido Tritón para que pudiera pisar arena y hacer un pipí en una palmera después de varios días sin pisar tierra. Con el machete en mano, para recoger algunas hojas frescas de cocotero para hacer cestos y sombreros, embarcamos los dos en el dinghy y bajamos a tierra.

Todo parecía normal. Tritón, cauteloso por la delicada situación, no se alejaba de mi más de un par de metros (cosa muy poco habitual para una alma libre como Tritón). Mientras tanto, yo seleccionaba algunas hojas que me pudiesen ser útiles y las dejaba en el dinghy.

En medio de esa tranquilidad total, en que solo se escuchaba el viento silbando entre las hojas de las palmeras y los rompientes del arrecife de lejos, un extraño ruido salió de la jungla. Miré hacia la espesura negra de las palmeras pero no vi ninguna luz ni nada extraño, así que tanto Tritón como yo seguimos con nuestras labores. Fue de golpe cuando unos gritos rotos salieron, esta vez claramente, de entre la jungla. Tritón se asustó y corrió hacia el dinghy y yo me quedé inmóvil, machete en mano, helado por ese horrible grito. Al momento salió de entre las palmeras una mujer corriendo y gritando. No recuerdo sus atuendos pero sí su pelo despeinado y tieso como escarpias. Siguió corriendo hacia mi gritando fuerte en un lenguaje que poco se parecía a ninguno conocido, ni siquiera al inglés criollo que se habla en esas islas. Asustado por la inesperada visita, corrí también hacia el dinghy siguiendo el sabio ejemplo del perro. Al llegar, empujé de una patada el dinghy mientras hacía volar a Tritón para embarcarle. Y mientras los dos nos recuperábamos del susto arranqué el motor. Con todo esto, la mujer había llegado ya a la orilla donde seguía gritando con las manos en alto. Ya en la seguridad del bote, intenté comunicarme con esa persona en inglés y también en francés, pero su discurso no cambió. Al llegar de nuevo al Cythere embarqué a Tritón y las hojas de cocotero y regresé de nuevo a la playa. Tenía la sensación de que se podría tratar de alguna turista que, habiendo desembarcado de algún catamarán, no encontraba la manera de volver a su barco. De nuevo en la playa no encontré ni rastro de ese individuo extraño. Eugenia me dijo que mientras estaba fuera había visto un gran foco iluminando la playa, al parecer estaban buscando a alguien; aquí se quedó el asunto.

La mañana siguiente abandonamos el fondeo en Mayreau para atacar por fin la difícil entrada a los Tobago Cays. Aunque las millas que separan el fondeo de Salt Whistle Bay con el fondeo en Tobago Cays son muy escasas, son millas donde hay que estar totalmente atento a la carta y a la sonda ya que los pasos son estrechos y una encallada allí sería fatal.

Tobago Cays (SVG, Grenadines)

Tobago Cays es una agrupación de cinco islas deshabitadas (Petit Rameau, Petit Bateau, Baradal, Petit Tabac y Jamesby) situadas al E de la isla de Mayreau. Forman parte del parque nacional Tobago Cays Marine Park. Están totalmente rodeadas por arrecifes que las protegen de las aguas abiertas del Atlántico, pero éste aporta nutrientes y agua limpia, por lo que representa un espacio muy idóneo para la supervivencia de muchas especies de fauna marina, entre ellas las famosas tortugas marinas, que gozan además del Turtle Corner, a sotavento de Baradal, donde no se puede navegar ni fondear.

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Foto aeria del Cythere en su fondeo en Tobago Cays. Tomada con el Splash Drone.

Dentro del parque hay varias zonas habilitadas para el fondeo, con boyas o con el hierro. De todas formas, aunque se utilice el ancla, hay que pagar la tasa para el parque, que creo recordar que es de 20EC$/noche.

Se puede acceder a los Tobago Cays por el paso norte o por el paso sur. Como veníamos de Salt Whistle Bay, entraríamos por el paso N, evidentemente a motor. Según los derroteros, teníamos que dejar Mayreau con un rumbo ESE hasta media milla antes de la isla de Petit Rameau. Desde allí podríamos pasar por el canal entre esta isla y Petit Bateau, donde también existe un campo de boyas, normalmente ocupado por ser un bellísimo lugar, seguramente el fondeo más tranquilo. Aunque también había la opción de rodear Petit Bateau, decidimos pasar entre las islas. El paso es muy angosto y la gran cantidad de barcos fondeados, lanchas rápidas, vendedores de pescado y los veloces Free Boat Boys, fue divertido maniobrar para pasar libres y sin abordar ninguna tortuga ni ningún bañista.

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Cythere, Eugenia y la tortuga

Una vez cruzado el canal entre islas, de nuevo nos encontramos con aguas un poco más abiertas. Como no podía faltar, también estaban los Boat Boys, siempre vigilantes a la llegada de un nuevo barco para ofrecerles una boya o cualquier otra cosa que pudiesen necesitar. Aquí, sin embargo, llevaban pintado en el casco la palabra “Free” seguido de su nombre (como por ejemplo “FREE EDUARD” o “FREE MICHAEL“). Efectivamente estos señores tan amables no pedían ningún tipo de retribución para ayudar en la maniobra, ni para acompañarte hasta la boya, simplemente te informaban de la cantidad que deberías pagar a los Rangers del parque cuando estos aparecieran. Y ¡siempre aparecen! A bordo de su larguísimo cayuco, vestidos con su curioso uniforme gris.

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Escogimos la boya más cercana a la isla de Baradal, justo en el borde del Turtle’s Corner. Aunque el escaso fondo es de arena y se puede fondear con mucha seguridad, nos habían contado experiencias en las que el fuerte Alisio arreciaba durante la noche, causando estragos a algunos barcos fondeados.

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Los arrecifes de Tobago Cays

El arrecife protege de la corriente y de las olas, pero no hay nada que pare el viento entre el barco y el enorme Atlántico, así que el fondeo podía ser divertido si se levantaban 50 nudos en mitad de la noche. Además, cuando la marea es viva, el arrecife queda bastante sumergido dejando entrar un poco más de corriente y olas de lo habitual, así que a la hora de cenar hasta la madrugada, había un poco de ola en el fondeo. Por esta razón y porque las boyas están mucho mejor situadas que los posibles fondeos al ancla, escogimos la boya.

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El lugar nos pareció mágico, era exactamente lo que esperábamos del Caribe en nuestros primitivos sueños de viajeros. El agua parecía de cristal, pudiendo ver el fondo con toda claridad. Las numerosas tortugas emergían constantemente a la superficie, muy cerca del barco y no tenían ningún tipo de miedo a los bañistas y buceadores, que podían incluso acariciarlas sin que ellas se inmutasen.

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Yo pasé tres días volcado, básicamente, a la actividad de bucear con tortugas y mantas; tomando imágenes de vídeo y haciendo fotos como loco.

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Tritón tenía una envidia enorme de la foto de la tortuga con el barco de fondo, insistió en protagonizar una con la misma composición.

Atlas y Tritón quedaron ensimismados del espectáculo que podían contemplar desde cubierta, así que estuvieron entretenidos durante todos los días que estuvimos allí. Tritón incluso quería ir más allá y se tiraba del barco constantemente para darse un baño en busca de alguna tortuga, que huía de él con total tranquilidad. Viendo que no conseguía jugar con ninguna volvía hacia el barco y se dejaba secar al sol antes de volverse a tirar.

Triton_proa_cythere_tobagocaysEn una ocasión, Tritón decidió darse un baño justo cuando un grupo de turistas americanos nadaban en busca de su foto con las tortugas y fue tal su sorpresa de ver al perro saltar desde la alta cubierta del Cythere, que dejaron las tortugas para mirar al perro con total atención. El apogeo del espectáculo llegó cuando Tritón, asustado de ver a tanta gente nadando a su alrededor, decidió volver al barco subiendo solo la larga escalera hasta llegar de nuevo a la cubierta, a lo que los americanos perplejos y totalmente alucinados gritaban sin control: –Oh my God! No way! No way!- Dijeron que las tortugas eran muy bonitas y era espectacular poder nadar con ellas, pero que no tenía ni punto de comparación con ver al perro haciendo este fantástico espectáculo.

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Cythere en el fondeo de Tobago Cays

A primera hora de la mañana y a la hora de la puesta de sol desembarcábamos en la isla deshabitada de Baradal, que teníamos a unos pocos metros de nuestra proa, para dar un paseo y pisar un poco de tierra, hacer volar el dron, o cualquier otra actividad que pueda ofrecer una isla desierta.

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Petit Bateau
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Jamesby
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Fondeo en Baradal. Petit Bateau y Jamesby al fondo.

En una de estas, nos encontramos con algo fantástico: un cementerio de caracoles marinos gigantes. De hecho creemos que los pescadores y dueños de los restaurantes de Mayreau dejan allí los caracoles para que los turistas se regocijen escogiendo cuál es el más grande y bonito, pero nosotros preferimos pensar que estaban allí de maneranatural. Como no podía faltar, escogimos uno para fabricar el cuerno oficial del Cythere.

aleix_caracola_tobagocaysUsar un caracol como instrumento de viento es algo muy antiguo, que forma parte de la cultura tradicional marinera del norte de Catalunya, donde se usaban cuernos para avisar o para comunicarse entre barcos. Como yo había estado embarcado en el Bergantín Cyrano, donde se daba suma importancia a este tipo de tradiciones, había aprendido cómo hacer cuernos con caracolas gigantes, que en el caso de Catalunya debían comprarse de importación ya que son una especie protegida en el Mediterráneo y cuestan mucho de encontrar. Así que, a golpe de radial, en un momento tuvimos el ansiado cuerno oficial del Cythere, que hicimos sonar hasta la saciedad y hasta que se terminó la paciencia de Eugenia y demás tripulación.

Eugenia_proa_tobagocays

Tobago Cays es un auténtico paraíso y nos hubiéramos podido quedar allí durante meses, no obstante no hay ningún sitio donde comprar comida o abastecerse de agua potable y la pesca está terminantemente prohibida, además hay que pagar las tasas cada día que uno pasa en el fondeo. Así que en algún momento llega el momento de irse.

Dejamos los Tobago Cays con pena, seguramente tardaríamos en encontrar un sitio como ese, pero ya tocaba avanzar. Salimos de los cayos por el paso S con la intención de recalar por la tarde en Clifton, Union Island.

Union Island (SVG, Grenadines)

Union Island era la última isla que pensábamos pisar antes de dejar Saint Vincent & Grenadines, así que íbamos hacer allí los trámites de salida del país como última escala antes de zarpar rumbo W hacia Bonaire.

Ciertamente Union Island no solo nos desagradó, sino que nos disgustó un poco. En Union está la famosa Happy Island, de la que todo el mundo habla y donde todo el mundo te dice que tienes que ir si viajas por el Caribe. Pues bien, Happy Island es un montón de caracolas gigantes apiladas, formando una isla artificial con forma de lágrima, donde hay un bar restaurante famoso por su ambiente festivo al más puro estilo caribeño. Nos acercamos con el dinghy una vez en el fondeo pero al final ni tan solo desembarcamos. Según nos contaban los vecinos era un sitio muy sucio y extremadamente caro.

Los locales en Union Island no son como los que nos encontramos en Bequia precisamente. La hospitalidad era prácticamente nula y más bien teníamos la sensación que nuestra presencia en Clifton ofendía a aquellos que la habitaban. Su actividad principal era estar sentados en las calles, comiendo y bebiendo o simplemente haciendo nada.

Es bien sabido, y allí con un grado mucho más significativo, que los supermercados y demás tiendas en SVG tienen dos precios. El precio para los locales y el precio para los cruceristas, que son los únicos turistas que visitan Union Island. Para poner un ejemplo, por una botella de agua de 5l. pedían nada más y nada menos que lo equivalente a cinco euros.

Realmente no me sentí para nada aceptado en Clifton, donde la gente nos seguía la mirada con cara de desagrado y desconformidad. En una ocasión, incluso un hombre nos escupió a los pies. Increíble. Quizá era esa la razón por la que nuestros vecinos de fondeo solo bajaban a tierra para frecuentar el bar de un hotel de lujo que había entre el aeropuerto y la playa, básicamente por tener buen wi-fi y ser amables.

Después de dos días en la isla, decidimos que ya tocaba zarpar hacia Curaçao, y como tampoco habíamos podido comprar pertrechos ni comida decente en Clifton (solo doodles, leche en polvo y cosas por el estilo). Así que, en resumen, compramos varios galones de gasoil al barquero que nos había alquilado la boya, hicimos los trámites de salida del país en el aeropuerto y zarpamos veloces y contentos rumbo Curaçao.

Malditos pilotos eléctricos

Captura de pantalla 2018-01-26 a las 10.52.18.png

Zarpando de Clifton rumbo WSW teníamos calculado llegar a Curaçao en aproximadamente cuatro días. No obstante, al cabo de cuatro horas de navegación, intenté modificar ligeramente el rumbo en el display del piloto automático. Cuál fue mi sorpresa cuando vi que el botón no respondía, de hecho ningún botón lo hacía. Después de un rato de hacer intentos, reinicio el piloto. Al encenderse de nuevo seguía haciendo el tonto, ningún botón del display respondía, por lo que no podía activarlo ni hacer nada con él. Estábamos sin piloto automático, con casi quinientas millas por delante. Desmonté el display e intenté rehacer las conexiones, con lo que logré que funcionase durante un rato más, pero al final acabó sin funcionar. Con tantas millas por proa, Eugenia mareada, embarazada de seis meses y sin hacer guardias; no me la podía jugar gobernando a mano durante cuatro días sin descanso pudiendo recalar en alguna otra isla donde pudiésemos reparar el piloto.

Leyendo el derrotero vi que en la isla de Grenada había todo tipo de servicios y empresas de electrónica que nos podrían ayudar. Incluso habían dos distribuidores de Raymarine, así que golpe de timón y rumbo Grenada.

Grenada

puesta_de_sol_grenada_caribe

Llegamos a Saint George, al SW de la isla de Grenada a las 0045. El fondeo en Saint George es  bastante abierto pero muy bien protegido de la corriente, así que es un fondeo bastante fácil una vez has conseguido entrar por el canal de St. George Harbour, después de la última roja a estribor (zona IALA B), barra libre.

Por la mañana del mismo día desembarcamos en la isla convencidos de que encontraríamos el recambio para el display, pero como pasa tantas veces el el Caribe, los lunes siempre hay alguna excusa para hacer fiesta, así que estaba todo cerrado.

Aprovechamos para hacer un poco de turismo por St. George, donde se respiraba un aire completamente distinto a las islas de St. Vincent. Podríamos decir que Grenada es bastante más “europea” que las últimas islas visitadas y sus habitantes son amables y hospitalarios. Para hacer la entrada oficial del país debíamos ir a la marina de St. George. Allí presentamos todos los papeles del Cythere, nuestros pasaportes y pagamos la tasa correspondiente. En ese momento, temiendo por los largos días que Tritón llevaba encerrado en el barco sin desembarcar, le pregunté al oficial que, sabiendo que era difícil, había alguna manera de tramitar la entrada del perro en el país. Yo le dije que conocía bien las normativas de los países anglosajones (ya que ellos se consideran así por su herencia inglesa) respecto la importación de animales domésticos, que no quería causar ninguna molestia (teniendo como última referencia las amenazas bélicas en Wallilabou) pero que tenía toda la documentación y vacunaciones en regla y que quizá habría algún procedimiento que pudiera hacer. Él me pidió los papeles, los hojeó por encima y me dijo: -“OK”-. No entendiendo bien a qué se refería le dejé seguir con su trabajo. Antes de irnos le pregunté de nuevo sobre el perro y me respondió lo mismo, y que si alguien preguntaba le enseñara los mismos papeles que a él, pero que en Grenada no había problemas con ese tipo de cosas. Esto nos alegró muchísimo y más a Tritón que pudo campar libremente por la isla durante los días que estuvimos.

eugenia_aleix_cythere_triton_SaintAnne

El martes siguiente, visitamos las tiendas pero todas nos decían lo mismo: hay que ir a Prickly Bay, al sur de la isla. Ese día lo aprovechamos para pasear por la playa de Grande Anse Beach, de la que presumen los isleños como la playa más bonita del mundo. Creemos que debía ser una broma. En medio de nuestro paseo nos encontramos con unos vecinos de fondeo, que vivían y viajaban en una enorme goleta de principios de siglo. Al parecer habían ido a recoger mangos al extremo S de la playa, donde se podían coger libremente de los árboles. Nos dieron unos cuantos que aprovechamos para retomar nuestra afición culinaria.

El día siguiente navegamos hacia Prickly Bay, donde muchos barcos se fondean para pasar la época de huracanes por estar totalmente protegida. En Prickly Bay también hay dos marinas secas, que se llenaban cada día más.

aleix_frontal_reparación

Por sorpresa nuestra, mientras dábamos vueltas para intentar encontrar un hueco para el Cythere en esa poblada bahía, escuchamos un hombre con acento de Cádiz gritar desde la cubierta de un pequeño catamarán. -“¡Eh! ¡Zoi epañole! ¿no? ¡pué ají etaréi bié que ze agarra bien er hierro!- Sorprendidos de escuchar de nuevo hablar en castellano, le hicimos caso y fondeamos. El hombre, al que nos encontramos más tarde en tierra, resultó se José, que había parado en la isla para reparar su catamarán después de algunas aventurillas desafortunadas por la costa venezolana. Él nos contó después historias terribles sobre el estado actual de Venezuela y de los peligros de querer navegar por sus aguas.

electronica_piloto_raymarine_cythere

En Budget Marine, la cadena de tiendas náuticas por excelencia en el Caribe, encontramos lo que buscamos. Además, al ser “duty free” nos salió mucho más barato de lo que nos hubieran pedido en Martinique. Así que después de resolver las dudas sobre la compatibilidad de ese display con el antiguo piloto del Cythere, zarpamos definitivamente rumbo Curaçao.

Aleix_timon_cythere

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