Martinique: pisar tierra.

image12.jpgCuando la vimos nos quedamos atónitos, realmente había tierra al otro lado de ese basto océano que, furioso y enorme, nos había dado varias decenas de lecciones impagables y una experiencia que, sin duda alguna, nunca podremos olvidar.

Ese 12 de Febrero de 2017 se había despertado piadoso en relación a los últimos 19 días en el Atlántico, parecía que nunca se acabaría ese baile entre olas gigantes y vientos aullantes. No obstante, llegó el momento en que una sombra apareció en el horizonte, así como solían hacer las nubes; alargada, borrosa y lejana. Las nubes se pasean velozmente, mientras que esa sombra persistía inmóvil sobre un horizonte intermitente. -¿Tierra?- Lentamente, esa sombra gris se tiñe de un verde grisáceo, luego aparece un estampado de verdes más intensos, algunos puntos blancos. Finalmente, suaves líneas turquesas aparecen en la base, coronadas por largas palmeras y pequeños objetos en movimiento… ¡Martinique!

Al llegar a Martinique se aconseja doblar Saint-Anne, su extremo sur en demanda del sotavento de la isla, donde se encuentran los fondeos principales. Tras doblar el Îlet de Cabrits arrumbamos lentamente hacia la bahía de Le Marin, principal resguardo natural de la isla. Entrando por el canal balizado vimos a estribor a medio millar de veleros fondeados, se trataba del fondeo de Saint-Anne, donde pasaríamos (algunos meses después) unas formidables semanas. Ahora nuestro plan era entrar hasta el fondo de la bahía, donde se encuentra la Marina du Marin. Es el principal puerto deportivo de la isla y el segundo más grande del Caribe. Y tomar un merecido descanso que finalmente se alargó más de lo que hubiéramos deseado en ese momento.

Llamamos por radio con nuestro nulo conocimiento del francés (error del que también aprendimos). Lo hacemos en inglés: –Port du Marín, Port du Marín, Port du Marín. This is sailing vessel Infinito, Infinito, Infinito… Do you read me? Over.- ninguna respuesta. Volvemos a intentar: nada. Recibíamos comunicaciones de otros barcos en un indescifrable francés. Volvimos a intentar sin éxito comunicar con el puerto hasta que a alguno de los marineros de guardia se le ocurrió que quizá el tío que llamaba a un tal Port du Marín, a lo mejor se refería a Marina du Marin (que suena algo así como: Marina du Magán). Así que nos respondió a toda velocidad algo aún más complejo. Quedamos durante minutos enteros con cara de póker esperando que el otro hubiera entendido alguna palabra… -¡En tu perfil de LinkedIn pone que hablas un poco de francés!- Le dije a Eugenia. Y realmente después comprobé que era así, pero no ese francés. Mientras, el Infinito se deslizaba lentamente entre los peligrosos arrecifes que cubren la mayor parte del centro de la bahía du Marin. Hay que navegar sin error dentro del canal balizado (que para más Inri, utilizan la zona IALA A, es decir: al revés que en Europa; Rojo a estribor y verde a babor).

Cansados de pedir una y otra vez que nos repitieran el mensaje y denotando ya cierto enojo por parte de nuestro interlocutor, decidimos pisar tierra sí o sí. Nos atracamos en la gasolinera. Inmediatamente, una mujer delgada salió de una garita flotante agitando los brazos alterada. Al igual que nuestro anterior interlocutor hablaba un francés difícil y lo hacía rápido y con tono enfadado. Supongo que ver mi rostro inalterado por sus palabras y que no movía ni un dedo en respuesta a sus exigencias, se dio cuenta de que no entendía ni media palabra. Entonces, con un tono amable y con cara de haberlas pasado canutas, le pregunté: – Sorry! Do you speak english?– Pese a todas mis buenas expectativas, esa frase solo causó más enojo en el rostro de esa mujer, que continuó lanzando bramidos en francés en tono enfadado. Luego aprendimos que muchos franceses, especialmente los del Caribe, no simpatizan especialmente con la lengua anglosajona ni con cualquier faceta de su cultura y, aunque muchos lo hablen, se niegan a hacerlo en territorio francés.

Cuando esa mujer se cansó de la riña unilateral que tenía con ese tío flacucho con cara de tonto, me hizo una seña para que la siguiera. Me acompañó dentro de la garita añadiendo a sus frases valiosos gestos para hacerse entender. Me estaba diciendo que, de no querer repostar, debía abandonar el atraque inmediatamente, a lo que respondí también entre señas y en un chapucero francés inventado que no entendía lo que me decían los marineros por radio, que yo quería un amarre, que llevaba muchos días en la mar y las olas eran muy grandes. Entonces agarró una vieja emisora portátil y llamó a los marineros de guardia que respondieron al instante. Después de intercambiar algunas frases me miró, y en un muy buen inglés me dijo: –Monsieur, you must take a mooring buoy and wait for the crew…

Algunas horas más tarde, después de comer sobre aguas tranquilas amarrados a la boya, nos vinieron a buscar dos tipos con enormes sombreros de paja en una especie de cayuco larguísimo con dos dedos de francobordo para asignarnos un amarre. ¡Por fin en tierra!

Atlas_Tritón_pantalán
Jugando en el pantalán después de 19 días sin pisar tierra.
Atlas_panel_solar_Martinique
Atlas haciendo su descanso habitual después de la ronda por los paneles solares.
Atlas_Infinito_martinique
“No hay nada como que todo esté quieto de nuevo”

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