Martinique, Dominique y Guadeloupe

En medio de toda la locura del cambio de barco nos visitó Jorge, el padre de Eugenia, con su mujer Sabine. Tenían planeado el viaje desde antes de nuestra partida de Canarias. El objetivo era recorrer con ellos algunas de las islas cercanas a Martinique y poder compartir con ellos la aventura marítima por el Caribe. No obstante, teníamos ganas de todo menos de navegar.

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La cerveza Lorraine fue una gran aliada en Martinique y Guadeloupe. En la foto, comiendo en el mercado de Saint Pierre, Martinique.

Durante 10 días estuvimos con ellos recorriendo, a bordo del Infinito, las islas de Dominique, Les Saintes, Guadeloupe y de nuevo Martinique. A pesar de que la inestabilidad meteorológica volvía a azotar el Caribe, no queríamos que se fueran sin cumplir el plan de navegar juntos y, quizá navegar por última vez con el Infinito. Estuvimos los primeros cinco días visitando Martinique con un coche alquilado y pudimos ver esos rincones de auténtico Caribe que también esconde esta isla, a pesar de ser considerada muchas veces como una de las islas “menos bonitas” del Caribe.

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Costa NE de Martinique, esos días no eran como para salir a hacer turismo, así que nos quedamos una semana visitando la isla.

 

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En Saint Pierre, la espesa jungla esconde tesoros del pasado. Un almirante parece que montó en ese lugar su destilería particular
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Sol y cocoteros, lo que todos buscamos en el Caribe. También en Martinique

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Saint Pierre está situado en la base del volcán Montagne Pelée, este es el motivo de su arena negra. Entró en erupción 1902, destruyendo Saint Pierre y gran parte de la isla, siendo el peor desastre volcánico del siglo XX.
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Uno de los rincones destinados al turismo salvaje, Martinique.

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Puerto de Le Marin, Martinique

Después de recorrer Martinique entera, decidimos zarpar para ver otras islas. A pesar de que la meteorología ya se había calmado un poco, a nadie de la isla parecía apetecerle una salidita entre islas, sin embargo ya tocaba moverse. La opción inicial de bajar hasta Tobago Cays y volver a subir a Martinique había quedado descartada por falta de tiempo, así que fuimos hacia el N hasta la isla francesa de Guadeloupe.

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Anses d’Arlet, Martinique

Captura de pantalla 2018-01-21 a las 23.14.09.pngLa primera singladura no nos llevó demasiado lejos ya que salimos tarde de Le Marin, así que pasamos la noche en un precioso y famoso fondeo en la misma isla: Grande Anse d’Arlet. El día siguiente hicimos el cruce del canal de Dominique, que separa esta isla de Martinique. El pasaje fue realmente intenso y húmedo. El Alisio a un descuartelar no fue precisamente un pasaje relajante. Arribamos a Dominique poco antes del ocaso así que tomamos boya en el primer fondeadero que encontramos: Soufrière Bay, donde Jorge y Sabin desembarcaron para buscar algún restaurante donde se pudiera comer caliente, pero solo se encontraron con calles oscuras llenas de gente con machetes que les miraban con desconfianza, así que volvieron relativamente rápido a bordo.

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El día siguiente zarpamos a primera luz del sol con la intención de alcanzar el archipiélago francés de Les Saintes, situadas al S de Guadeloupe, antes del anochecer. Durante el día arreció bastante el Alisio y había varios avisos de vientos fuertes para los siguientes días, así que después del salto de Dominique a Les Saintes nos encontramos todos los campos de boyas a reventar de barcos y con solo un fondeo permitido, así que nos fondeamos entre buenas rachas de viento en Grande Baie, en la isla Terre-de-Bas, donde pasamos una noche muy ventosa pero bien agarrados al fondo.

Captura de pantalla 2018-01-21 a las 23.12.20.pngEl día amaneció igual de ventoso, pero nos dio tiempo de llegar a Guadeloupe antes de que llegara el frente. Eugenia, embarazada ya de tres meses y medio, se mareaba mucho en las navegaciones, y varios días seguidos de tanto viento no estaban ayudando a que se encontrase mejor, así que decidimos (teniendo en cuenta lo que venía) entrar en un puerto. La marina más cercana era Rivière-Sens, al SW de la isla, en la mitad de sotavento, llamada Basse-Terre. Guadeloupe podría decirse que tiene forma de mariposa; de alguna manera parecen dos mitades unidas por una estrecha lengua de tierra, aunque en realidad se separan por un estrecho canal natural; Rivière-Salée. Basse-Terre (la mitad de sotavento) se caracteriza por se la más salvaje, con extensas y húmedas junglas pobladas por centenares de árboles y plantas diferentes, realmente un espectáculo. Grande-Terre (la mitad de barlovento) es la más turística, más seca y con playas de arena blanca y aguas totalmente transparentes y turquesas.

Dado el estado del transporte público, su puntualidad y regularidad, para visitar la isla es preferible alquilar un coche en Pointe-à-Pitre, de otra forma estaremos más tiempo en el autobús por carreteras tortuosas que visitando los lugares recomendados, literalmente.

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Puente colgante en Parc des Mamelles (zoo de Guadeloupe), que presume ser de los únicos centros del caribe francés destinado a la preservación de especies autóctonas.

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La fauna salvaje de Guadeloupe también gozando de un día de playa. Eso sí, si quieres tombona te tienes que pelear con las iguanas.
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Jorge con su coco germinado

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Uno de los mejores fondeos de Guadeloupe, Marie Du Gosier. Al fondo el faro de Phare Du Gosier.
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Guadeloupe, rincones a los que llegas después de un rato de atravesar manglares

Para la vuelta, que fue un tanto menos ajetreada y movida que la ida, hicimos una primera noche en la gran bahía de Porthmouth, Dominique y la siguiente ya en Saint Pierre, Martinique. Fondeadero famoso por la gran cantidad de pecios hundidos que dificultan el fondeo, algunos de ellos naufragios del huracán Mathiew, otros más lejanos en la historia, pero al fin y al cabo, obstáculos.

La tercera y última singladura de vuelta ya la hicimos hasta Le Marin, donde nos esperaba un traslado de barco, empezar con su preparación y vender definitivamente el Infinito.

Fue fantástico tener a Jorge y a Sabin con nosotros tan lejos de casa y poder compartir con ellos la primera noche en el Cythere.

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