Carpintería: nuevo cuartel para la escotilla

¡Hola! En este post os presento otra de las habilidades que debe desarrollar un armador/patrón/pareja de Eugenia para la restauración de un barco. Aunque parecía que sería tan fácil como cortar una madera rectangular y barnizarla, todo se complicó un poquito gracias a nuestra querida amiga la estética.

Debido a nuestros primeros pasos como acompañantes de Tritón en esta su fantástica

Resultado final

aventura de la vida, se nos ocurrió dejarlo al cargo del barco durante un rato. Su respuesta destructiva nos costó algunos centenares de euros, ya que a parte de arrancar la emisora VHF fija y desmenuzarla, morder todas las maderas que encontró y rascar otras, logró abrirse paso entre los respiraderos del cuartel inferior de la escotilla, que era la original y tenía casi 40 años. Una vez pudo arrancar todas las lamas del tingladillo, sacó la cabeza y todo el cuerpo hasta alcanzar la escota de la mayor, que cortó sin pensarlo un momento, quedándonos también sin escota.

De ese desafortunado incidente aprendimos un par de cosas sobre nuestro primer oficial. Y aunque sustituimos la emisora de radio con bastante rapidez (debido a su importancia) y arreglé las maderas que había destrozado, siempre quedó por reparar la escotilla, que remendé con un trozo de tablero atornillado. Casi un año después y cansado de ver esa escotilla maltrechada, y como me había sobrado algún que otro retal de madera de cuando hice la bañera, aproveché para hacer un cuartel nuevo, ya que reparar el viejo resultó una tarea para la que no estaba preparado. De esta forma corté un trozo de tablero macizo de sapelli y lo adapté a las formas de la escotilla para que encajara a la perfección.

Muy contento de mi trabajo le enseñé con ansias la nueva escotilla a Eugenia, esperando de ella una gran sorpresa y admiración por este trabajo que hacía tiempo que había dejado de lado. Muy al contrario de ello me dijo que estaba bien en cuanto a iniciativa, pero que ese trozo de madera liso era muy soso y quedaba mal, que quería algo un poco más elaborado, con encanto y personalizado, y unos cuantos adjetivos más que prefiero no recordar. Con la cola entre las patas, cogí mi cuartel nuevo y lo escondí.

Al día siguiente Eugenia me propuso de hacer en él una talla, yo continué la broma mandándole fotos de tallados sobre las aventuras de Ulises, escenas sobre mitología clásica, y otras tallas basadas en naturaleza muerta hechas por grandes artistas y artesanos y que ahora se exponen en museos. Al parecer Eugenia no se lo tomó del todo como una broma, y me comentó que la idea era buena pero que quería algo más sencillo (aún tuve suerte porque la broma me podría haber salido mal). Empecé a hacer algunos dibujos lo que me veía capaz de tallar sobre el sapelli (que es una madera difícil de tallar por ser bastante blanda, aunque resistente).

Hice un par de esbozos basados en un signo de infinito con un barco en medio, ya que en el pasado habíamos comentado que podría ser un buen icono para nuestro barco y nuestra ventura. A Eugenia le pareció una idea genial, añadió que el barco debía tener dos mástiles, igual que el nuestro.

Una vez decidido lo que íbamos a tallar, y arriesgándome a perder ese trozo de madera, dibujé encima la talla que queríamos y empecé a tallar dejando un marco alrededor del dibujo. Aproveché que tenía que sacar bastante madera para ir haciendo pruebas con el cincel. Con mucha paciencia fui sacando madera hasta que quedó el signo de infinito y el perfil del barco tallados.

Una vez hecho esto y con más paciencia fui dando relieve tanto al barco como el signo de infinito. Las siguientes seis horas de trabajo fueron a base de lija y más lija. Empecé con lija de grano 80 para dar curvatura a las formas, seguí con lija 120 y lo acabé con lija 320. Luego lo barnicé todo con el mismo barniz que utilizo para el resto del barco (Epifanes Clear Varnish, o International Schooner Gold). Como siempre empecé dando una capa diluida el 50%, luego lijé con lija fina  y volví a barnizar con menos disolvente, luego lo volví a lijar y así hasta seis capas de barniz, entre las últimas capas lijé con lija de agua. Ya teníamos un cuartel digno de nuestro barco, y sobretodo al gusto de nuestra tripulación (que no siempre es fácil).

Más imágenes sobre el proceso:


  
  

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